Grupos en situación de exclusión

Extraversión y deseabilidad social: El látigo de los introvertidos

«Otra cosa que no se nota cuando se es joven es que las flores tienen personalidad. Son distintas unas de otras, como las personas»

Gerald Durrell

Ahora más que nunca, parece necesario tener una serie de rasgos de personalidad que son más característicos en las personas extravertidas.  A la hora de buscar un trabajo, no basta ya con presentar un buen currículo, sino que, hay que saber venderse como un buen comercial para superar la temida entrevista durante un proceso de selección. También se da más importancia a las habilidades sociales, al hablar en público o trabajar en equipo.

Si bien es cierto, hay varios estudios que confirman que hay una correlación positiva entre tener una personalidad extravertida y una mayor calidad de vida laboral, aunque lo que en realidad determina estos resultados es el hecho de disponer de una buena autoestima y unas atribuciones positivas sobre uno mismo. Esta desconocida matización, junto a las campañas de “marketing” que, durante años, llevan ahondando en el mercado laboral con que los extravertidos son más competentes que los introvertidos, ha derivado en la creación de un prejuicio importante a la hora de realizar los procesos de selección.

Ser introvertido sólo influye a la hora de sentirse más o menos cómodo en determinadas situaciones. El problema estriba en cuando la sociedad da preferencia a los extravertidos, quizás de un modo inconsciente, y dicha preferencia afecta a todos los procesos de selección, sin centrarse en las demandas propias de un puesto de trabajo. Pensemos que los procesos de selección es la búsqueda de la pieza que falta de un puzle. Que esa pieza presente una personalidad extravertida no hace que, mágicamente, la haga encajar en todos los puzles.

Pensemos que, la discriminación injustificada hacia los rasgos de introversión, pueden suponer la pérdida de un talento interesante para una empresa, y la dificultad en el mercado laboral. Por lo tanto, es necesario romper estereotipos y conocer previamente las características del puesto y trazar el perfil más idóneo para desarrollar el mismo.

También es necesario dejar de pensar que las personas extravertidas, por el mero hecho de presentar unas determinadas características de personalidad, son más productivas o presentan mejores resultados en su profesión. No se puede atribuir un buen desempeño a unos rasgos de personalidad que, en parte, son de nacimiento y en parte, son adquiridos.

La gran mayoría de nosotros nos encontramos en una media, es decir, que presentamos tanto rasgos más introvertidos y extravertidos, muchas veces determinados por el contexto social. Sólo que, en cada uno de nosotros, hay una predominancia de una dimensión.  Y eso no debe de ser malo.

Una persona que se considera introvertida no tiene que dejar de ser lo que es, para encajar en un puesto. Si bien es cierto que, debido al sesgo comentado anteriormente, la mayoría de procesos de selección se decantan hacia la búsqueda de personas extravertidas, cualquier persona, trabajando en sus debilidades y mejorando sus fortalezas, es capaz de aspirar a cualquier posición. Por ejemplo, las personas introvertidas suelen presentar niveles más altos de ansiedad cuando hablan en público.  Aunque, con la práctica, esta ansiedad se reduce y lleva a desarrollar una gran competencia.

Seguramente alguno de nosotros hayamos conocido alguna vez a alguien tartamudo, que, con trabajo, ha dejado de tartamudear. ¿Acaso por el mero hecho de ser tartamudo lo hacía menos competente? No. Todo es cuestión de trabajar nuestros puntos ciegos, es decir, nuestras debilidades y focalizarnos en aquello que deseamos conseguir. En este caso, un trabajo.

A modo de resumen, hay que dejar de pensar que las personas introvertidas son seres antisociales, que tardan demasiado tiempo en tomar decisiones y se pasan el día concentrados en sí mismos. Como en todos los casos, habrá cosas que le sean más fáciles o más difíciles, simplemente será cuestión de focalizar su esfuerzo para superar los obstáculos que se les pueda presentar.

Pero más allá de trabajar prejuicios y abrir la mente a todos los perfiles, trataré de romper una lanza a favor de los introvertidos y decir, que estos también presentan beneficios muy convenientes para determinados puestos de trabajo. Entre los que destacan:

Son buenos líderes democráticos. De forma asertiva, tratan de poner en valor todas las opiniones del equipo. Llevan un liderazgo más colaborativo que competitivo, lo que favorece el compromiso del equipo y facilita un buen ambiente de trabajo.

Suelen presentar una buena escucha activa. Ponen mucha atención al entorno y a los demás cuando estos interactúan con ellos. Suelen escucharles con detenimiento, siendo buenos a la hora de recopilar información.

Tienen un pensamiento autocrítico. Al centrarse más en su mundo interior, tienen la suficiente autoconciencia para determinar qué aspectos son mejorables en su perfil para trabajar en ellos. Los errores son muy importantes y estudian qué aspectos son necesarios para no repetirlos.

Suelen tomar decisiones analíticas. En su mente suelen plantearse todas las posibles alternativas para tomar la más adecuada.

Tienen una predisposición a una mayor empatía social. Lo que les permite entender las necesidades de los demás. Tanto hacia compañeros de trabajo como a clientes.  Esta característica, a su vez, les hace tener más facilidad para desarrollar relaciones más profundas.

Suelen gestionar mejor la conciliación entre la vida personal y profesional.

Son el perfil ideal para acompañar a un equipo senior. Debido a que prestan mucha más atención al conocimiento, a la experiencia, desde una actitud colaborativa y asertiva, les convierte en el perfil ideal cuando en una empresa conviven varias generaciones y la más joven es la que debe nutriste del conocimiento de la generación con más experiencia.

Como se dice: “El conocimiento es poder”, y saber aplicarlo, será lo que determine nuestro desempeño profesional, no nuestros rasgos de personalidad.

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